Teólogo evoca figura de Dorothee Sölle
CHICAGO, Estados Unidos, Abril 30, 2003
Dorothee Sölle fue una importante figura del escenario teológico del siglo XX. Combinó un profundo Taxi Heathrow Airport misticismo en la mejor tradición cristiana con una militancia y compromiso como defensora de la paz y la justicia, subraya el teólogo Carmelo Alvarez desde esta ciudad.
Sölle falleció el domingo, a los 73 años de edad, de un infarto cardiaco, en Goppingen, Alemania, donde asistía con su esposo, el teólogo Fulbert Steffenpensky a un evento.
Su crítica a la teología academicista y vacía de pasión y compasión le valió la marginación y rechazo en los círculos teológicos alemanes. Ella, que sabía medir bien el costo del compromiso, asumió con gran valentía su papel de teóloga-profeta, dice Alvarez.
El movimiento por la paz en Europa la tuvo como una consecuente y persistente voz. Se identificó con la teología de la liberación y avanzó en articular una vertiente feminista que no cerró el diálogo con otras teologías contextuales.
Propuso con otras teólogas el “eco-feminismo” como una metáfora que interpretara la dignidad y valor de la mujer como sujeto histórico, agrega.
Hizo de la incertidumbre y la increencia motivos teológicos para desafiar a los escépticos e incrédulos de modo que transformaran su actitud en una fe atrevida, arriesgada, cuestionadora y confrontacional contra la idolatría y el pesimismo.
Por eso insistió en transformar el sufrimiento en solidaridad y compromiso, subraya Alvarez, ex-rector del Seminario Bíblico de Costa Rica y asesor de la Comisión Evangélica Pentecostal de América Latina (CEPLA)..
Alvarez afirma que Sölle cultivó la amistad como un valor supremo. Lejos o cerca siempre mantuvo esa dulzura que le permitía mantener un hilo de comunicación espiritual no importando las distancias. No se avergonzó en confesar un cristianismo incómodo anclado en la mejor de las tradiciones proféticas.
Atacó el patriarcalismo sin reduccionismos estériles que menoscabaran la contribución definitiva de teólogos como Lutero, Bonhoeffer, Kierkegaard, Bultmann, Gutiérrez, para mencionar los que más influyeron en su pensamiento.
Pero buscó en la mística comprometida la razón para la ternura y la pasión para creer a pesar de todo, en una especie de iconoclasticismo que derribara los ídolos de la muerte y celebrara al Dios de vida, señala.
Sentimos todavía el eco de su voz advirtiendo “no convirtamos el sufrimiento en amargura”, como tantas veces nos recordara en Alemania, Costa Rica, Suiza y Argentina, recuerda Alvarez.
Ella fue un espíritu libre. Levantó la bandera de la indignación y junto a ella esa poesía llena de ternura comprometida. Y aún nos queda su sonrisa llena de esperanza. Su libro El clamor silencioso: misticismo y resistencia insiste en esa pasión amorosa: “la historia del misticismo es la historia del amor por Dios”, indica.
Ella, dice, quiso unir lo místico con lo político y lo logró. Así lo han logrado Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez, Elsa Tamez, Ofelia Ortega y otros tantos amigos y amigas del caminar ecuménico. En ello Dorothee también demostró su creatividad y energía.
Su teología es profundamente ecuménica por ser claramente solidaria y no dejarse atrapar por nacionalismos huecos y estrechos. Ella luchó como Georges Casalis, ese extraordinario francés tan nuestro, porque Europa dejara su etnocentrismo y arrogancia y comprendiera la universalidad de una fe auténtica.
Ambos demostraron que es posible romper el cerco de la apatía e indiferencia y lanzarse a vivir un compromiso ecuménico de testimonio veraz desde y con la propia vida, agrega.
Evocar a Dorothee Soelle, añade, nos llena de una tristeza alegre, porque celebramos su vida fecunda y nos dolemos en su partida. La fuerza de su terca esperanza es ya una iluminación hacia ese camino definitivo que nos aguarda en la senda hacia la Luz.

Portada
Inicio