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Jueves 3 de Noviembre, 2005

La Deuda Externa

Angel Furlan, BUENOS AIRES, Argentina

DESDE LA PERSPECTIVA DE LOS DOCUMENTOS DE LAS IGLESIAS EN AMÉRICA LATINA

La Conferencia de Taxi Heathrow Airport Obispos, Pastores y Pastoras Presidentes (COP) de las Iglesias Luteranas de América Latina, realizada en Santa Cruz, Bolivia, en abril de 2002, tomó en consideración tres temas de especial importancia en la vida de nuestras sociedades latinoamericanas: la deuda externa, el actual proceso de globalización de carácter neoliberal, y los derechos humanos.

Se afirmó allí que la globalización, que bien podría reportar grandes beneficios a toda la población mundial, ha quedado en manos y ha funcionado a favor de los grandes poderes económicos y financieros y empresas transnacionales.

Éstos en estrecha asociación a los grandes poderes políticos y militares del Primer Mundo, especialmente el gobierno de los EEUU han impuesto a nivel mundial un modelo económico y de sociedad, el neoliberalismo, utilizando entre otras cosas la deuda externa  de América Latina y el Tercer Mundo como mecanismo de presión e imposición de dicho modelo.

PROPUESTA A LAS IGLESIAS

En vista de los efectos profundamente destructores de este modelo y del impacto que el mismo produce en la vida cotidiana de nuestros pueblos, la COP propuso a las Iglesias:

1. Estudiar y analizar con mayor profundidad estos hechos fundamentales de nuestro presente.

2. Una mayor participación en la vida de nuestras sociedades, acompañando a los grupos sociales más débiles y precarizados, siempre desde una perspectiva de defensa de la vida humana, de lucha por el real respeto a los derechos humanos, y de defensa de los ecosistemas.

3. A nivel regional promover la participación activa de nuestras iglesias en el Foro Social Mundial, solicitando para ello la coordinación de la IECLB, que ya participa en esta importante iniciativa mundial solidaria.

4. Llamar a la FLM a asumir el Foro Social Mundial como un espacio idóneo para promover una cultura global de la solidaridad y el respeto a los derechos humanos y a las culturas.

5. Buscar las articulaciones locales y regionales ecuménicas (p.e. CLAI) para unir esfuerzos en la promoción de estudios sobre la relación ética-economía. Esto es un aporte que las iglesias cristianas deben a la sociedad civil.

6. Hacer de las Iglesias promotoras incansables de la esperanza cristiana y de la esperanza humana solidaria, como respuesta al individualismo y la cultura de la desesperanza que promueve el neoliberalismo.

7. Profundizar la reflexión teológica sobre la llamada deuda externa.

8. Como iglesias latinoamericanas hacer de la globalización y sus consecuencias la perspectiva hermenéutica para abordar el tema de la X. Asamblea de la Federación Luterana Mundial en Winnipeg, Canadá: "Para la sanación del mundo".

9. Declarar la llamada deuda externa del Tercer Mundo y de América Latina, ya pagada varias veces, como ilegítima y anti-ética, una deuda que se ha convertido en usura y por tanto destructora de la vida de millones de seres humanos y de sociedades y comunidades enteras.

En este mismo sentido se expresaron las iglesias del Cono Sur de América Latina reunidas en Florianópolis, en Septiembre de 2002. Allí se afirmó una vez más la firme convicción de las iglesias en el sentido que la Palabra de Dios nos llama a una defensa incondicional de la vida y de la dignidad de toda persona y que vista la realidad que nos rodea y nuestra identidad confesional es necesario levantar nuestra voz junto a la voz de tantos hermanos y hermanas que son excluidos de la fiesta de la vida a la cual todos estamos invitados.

El documento de Florianópolis hace mención de los esfuerzos de los diversos gobiernos en la voluntad desesperada de ‘honrar’ la deuda externa. Se han hecho todas las negociaciones y renegociaciones impuestas por los organismos monetarios y financieros internacionales.

Se han realizado privatizaciones salvajes del patrimonio comunitario y a pesar de todo ello, la deuda externa en lugar de disminuir no ha hecho más que crecer y aumentar hasta ahogar toda posibilidad de justicia y equidad.

El mercado y la globalización, afirman las iglesias del Cono Sur, ignoran las necesidades de dos tercios de la población mundial que esta sometida a condiciones de vida de extrema miseria. Este sistema es un claro e injusto despojo.

El abismo entre ricos y pobres se ha profundizado y el bienestar que gozan los países desarrollados se fundamenta en la explotación y la pobreza impuesta a países irónicamente llamados en vías de desarrollo.

Nunca hubo tanta pobreza y tanta negación de los recursos básicos que posibiliten la subsistencia de hermanos y hermanas y esto refleja una ideología y un modelo que niega la dignidad humana.

Se hace un llamado a las iglesias de América Latina, al Consejo Latinoamericano de Iglesias, al Consejo Mundial de Iglesias y a la Federación Luterana Mundial, para que hagan suyo el pedido de opinión consultiva elaborado por el Parlamento Latinoamericano y que debe ser presentada por el gobierno de un país deudor ante la Asamblea General de Naciones Unidas para que a su vez la presente ante la Corte Internacional de Justicia, que se conoce como la “formula de Roma” y que solicita que esa Corte se expida sobre:

1) ¿Cuál es el marco jurídico de derecho internacional en el cual se sitúan las obligaciones que resultan de la deuda externa y su cumplimiento?

2) En particular, ¿qué consecuencias produce sobre dichas obligaciones el aumento imprevisto en términos reales de los capitales y de los intereses?

Este pedido intenta resolver una de las formas de sospecha de ilegitimidad que rodea toda la tramitación y realización de la deuda externa y que exige profundizar las investigaciones sobre las otras formas de ilegitimidad planteadas por el citado Parlamento Latinoamericano: a) el origen de la deuda; b) las consecuencias del Plan Brady; c) la situación ética de aquellos  que violaron los deberes de funcionarios públicos y el cohecho.

Este es un resumen del contenido central del “Pronunciamiento de la COP” y del “Mensaje de Florianópolis”.

1. Los temas planteados en los documentos de la Comunión Luterana en América Latina.

En los documentos producidos por la comunión luterana en América Latina hay por lo menos cinco temas planteados con respecto a la deuda externa y todos ellos están relacionados, de alguna manera, con la ilegitimidad de la misma.

Estos temas son:

A. El costo humano, social y ecológico de los servicios de la deuda.
B. El origen incierto de la deuda.
C. El alza unilateral de los intereses de la deuda.
D. Las consecuencias del plan Brady y de los sucesivos programas de ajuste estructural.
E. La situación ética de aquellos que violaron sus deberes de funcionarios públicos y el cohecho.

A. El costo humano, social y ecológico de los servicios de la deuda.

El peso de la deuda externa y sus servicios priva a una gran parte de nuestro planeta de cualquier tipo de desarrollo económico perceptible y la degradación del nivel de vida es la norma.

Es el caso de la mayor parte de Africa, de América Central, de la mayor parte de América del Sud y de algunas regiones de Asia. En el debate económico corriente, ese mundo es dejado de lado, pero si nos preocupan los valores humanos y el sufrimiento humano, si nos preocupa verdaderamente “la sanación del mundo”, la situación de ese mundo debería estar en el centro de la reflexión de nuestra próxima Asamblea.

Es nuestro deber señalar y denunciar el inaceptable costo humano, social y ecológico de los servicios de la deuda. Este costo es la primera y más fuerte razón de ilegitimidad de la eterna deuda externa de los países del Sur en su conjunto.

Desde el punto de vista jurídico esta ilegitimidad se sustenta en la obligación de los Estados de asegurar a sus poblaciones una vida digna establecida tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como los Pactos Internacionales de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y de Derechos Civiles y Políticos.

Estos pactos ratifican que “en ningún caso podrá privarse a un pueblo de sus propios medios de subsistencia” (Art. 1 de ambos Pactos internacionales).

(Un ejemplo de este costo inaceptable. En la Argentina los 25.000 millones de dólares anuales necesarios para hacer frente a los servicios de la deuda excede ampliamente al monto total que se destina a la salud, la educación, la generación de empleo y el pago de los sueldos de los obreros de la administración pública.)

B. El origen y evolución de la deuda.

La ilegitimidad de la deuda además se basa en el hecho de que, por regla general, no fue contratada con el conocimiento o para el beneficio del pueblo.

Por ejemplo, gran parte de la deuda externa argentina tiene sus orígenes durante el Proceso dictatorial de 1976/83, cuando su monto fue quintuplicado por decisión de un gobierno usurpador, inhabilitado constitucionalmente para contratar deuda en nombre de la Nación.

No obstante, el Fondo Monetario Internacional fue el primero en reconocer al régimen dictatorial y con su visto bueno, decenas de bancos y entes financieros no tuvieron reparo en prestar abultadas sumas de dinero.

Cabe aquí la noción de “deuda odiosa” ya que la deuda fue contraída por una dictadura culpable de crímenes contra la humanidad y los acreedores no pueden alegar desconocimiento de ello.

La noción de deuda odiosa fue expuesta magistralmente en el siglo pasado por Alexander Nahum Sack quien sostuvo que “las deudas odiosas contraídas y utilizadas para fines que a sabiendas de los acreedores, son contrarios a los intereses de la nación, no comprometen a esta última, excepto en la medida que ha obtenido ventajas reales de esta deuda.

Los acreedores han cometido un acto hostil en relación al pueblo....” “asimismo podemos incluir en esta categoría las deudas contraídas por miembros del gobierno o por personas o grupos asociados al gobierno para servir intereses manifiestamente personales, intereses que no están relacionados con los intereses del Estado”.

Es tal la vigencia de estas  consideraciones que en 1982, los asesores legales del First National Bank of Chicago, escribieron que: “Las consecuencias para los acuerdos crediticios de un cambio de soberanía dependen en parte del empleo de los fondos por el estado predecesor.

Si la deuda del predecesor es calificada de odiosa, es decir que los capitales fueron empleados en contra de los intereses de la población, la deuda no puede recaer sobre el sucesor”.

Palabras que  tienen singular actualidad y nos aportan argumentos sustanciales para la lucha que debemos emprender.

Al final de la dictadura, el mismo Banco Mundial reconoció que un 30% de los recursos prestados nunca habían ingresado al país; otro tanto fue utilizado en la compra de armamentos y otros apoyos directos a las políticas represivas y bélicas del régimen; otra parte importante refleja el endeudamiento compulsivo e innecesario de las empresas públicas (caso la empresa petrolera YPF) y la estatización de deudas contratadas por empresas privadas.

Deuda externa argentina (en millones de dólares)
 
Año            Deuda     Servicio pagado
                               (amortización + interés)
1975             7 875
1976             8 280               1 616
1977             9 679               1 849
1978           12 496               3 310
1979           19 034               2 255
1980           27 072               4 182
1981           35 671               5 390
1982           43 634               4 875
1983           45 087               6 804
1984           46 903               6 281
1985           48 312               6 208
1986           52 449               7 323
1987           58 428               6 244
1988           58 834               5 023
1989           65 256               4 357
1990           62 730               6 158
1991           65 405               5 419
1992           68 937               4 882
1993           65 325               5 860
1994           75 760               5 771
1995           99 364               8 889
1996         111 934             13 054
1997         130 828             18 308
1998         144 050             21 573
1999         147 881             25 723

Servicio pagado 1976-2000 : 212 280 millones de dólares.

Se puede constatar, desde diferentes modos de análisis, que la deuda argentina (y con seguridad la de la gran mayoría de los países endeudados) ya ha sido pagada con creces.

Si consideramos solamente la cantidad de reembolsos efectuados, podríamos ver que mientras la deuda creció entre marzo de 1976 y el año 2001, pasando desde menos de 8.000 millones de dólares a cerca de 160.000 millones, durante ese mismo período, la Argentina reembolsó más de 200.000 millones de dólares, o sea, más de 25 veces lo que debía en marzo de 1976.

Sería otro el cálculo, y todavía más abrumador, si reflejáramos además, los costos de haber entregado el patrimonio público a precio vil, supuestamente para pagar la deuda. Como dice Eduardo Galeano, “más pagamos, más debemos y menos tenemos”.

Argentina demuestra hasta el extremo el carácter vicioso e infernal del endeudamiento del Tercer Mundo. A causa del pago, y no a pesar de él, el país debe cerca de 20 veces lo que debía a principios de la dictadura (gran parte de los préstamos han servido para refinanciar deudas anteriores que vencían o para asegurar el pago de los próximos vencimientos).

En la Argentina al igual que en la mayoría de los países endeudados, los pagos de la deuda han sido y son todavía, un formidable mecanismo de transferencia de riqueza producida por el pueblo hacia sus acreedores.

El mecanismo es simple: el Estado argentino consagra una partida cada vez más importante de los ingresos fiscales (cuya mayor parte proviene de los impuestos pagados por el pueblo) al reembolso de la deuda externa y a las múltiples ventajas que otorga al sector capitalista. ¿Quién recibe los pagos efectuados por el estado argentino?: Las grandes instituciones financieras internacionales que poseen más del 80% de la deuda externa argentina.

C. El alza unilateral de los intereses de la deuda.

Otra fuente importante de ilegitimidad es la manifiesta desigualdad entre las partes contratantes de la deuda. Esto se vio con terrible claridad a principios de los años ’80, cuando EE.UU. y otros países acreedores forzaron un aumento unilateral en las tasas de interés aplicadas a la deuda, situación similar a lo que se ha vivido más recientemente con el alza especulativa del llamado riesgo-país.

El aumento de la deuda de 44 a 62 mil millones, operado durante los años ’80, fue el resultado de esa arbitrariedad y la clave que llevó a la imposición por parte de los acreedores y sus instituciones financieras internacionales – el FMI y el Banco Mundial – de los distintos planes de ajuste y reestructuración neoliberales cuyas consecuencias perduran todavía hoy.

El documento de Florianópolis propone plantear el significado de la ilicitud del alza unilateral de las tasas de interés de la deuda  en consonancia con la llamada “formula de Roma” redactada por la Comisión Especial convocada por el Consejo Europeo de Investigaciones Sociales de América Latina (CEISAL) en julio de 1992, que estableció un proyecto para que la Organización de las Naciones Unidas presentara a la Corte Internacional de Justicia, cinco cuestiones:

1) La condena a la usura, constituye uno de los principios generales de derecho mencionados en el inc.c del punto 1 del art. 38 del estatuto de la Corte Internacional de Justicia?

2) En caso de ser afirmativa la respuesta a la cuestión anterior, son actos de abuso de derecho y usurarios las alzas unilaterales de las tasas de interés de la deuda externa?

3) Si la respuesta a las dos cuestiones anteriores fuere afirmativa. Están obligados los países acreedores a no permitir que se cometa ese ilícito contra los países deudores?

4) En caso de ser afirmativas las respuestas a las tres cuestiones precedentes. Deben, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, actuar en consonancia con aquellas obligaciones de los países acreedores?

5) Paralelamente. Existe para los países acreedores la obligación fundada en el derecho internacional convencional, de no permitir que los actos de usura incriminados sean ejercidos contra los países deudores

Es un hecho que los acreedores han formado de facto un sistema triangular que funciona invariablemente en la relación con los países deudores. El FMI y el Banco Mundial por un lado, el Club de París por el otro y los bancos privados en el tercer segmento.

No existe ninguna posibilidad de efectuar arreglos individuales o de carácter bilateral con algunos de estos grupos porque siempre se pone como condición irrecusable, obtener la conformidad de alguna de las otras partes en el proceso de renegociación que se decida encarar.

Esta realidad  que observamos en cualquiera de nuestros países, desmiente la falacia que algunos sostienen que el tema de la deuda es específico de los bancos privados, y excepcionalmente  pueden estar involucrados los gobiernos.

En todos los casos, atrás de los bancos, están los organismos multilaterales y los gobiernos que los sostienen, controlan en influyen en la toma de sus decisiones.

Mientras ellos elaboran estrategias comunes obstruyen sistemáticamente la posibilidad de formalizar un grupo de países endeudados, que puedan discutir  frente a frente con los países acreedores

D. Las consecuencias del Plan Brady y de los sucesivos programas de ajuste estructural.

Argentina ingresó al Plan Brady, trocando una disminución en el monto total de la deuda por la apertura irrestricta de la economía y la entrega del patrimonio público.

Sin referirnos al desastre de las privatizaciones de Aerolíneas Argentinas, la Empresa Nacional de Telefonía, Aguas Argentinas o Yacimientos Petrolíferos Fiscales, basta con contemplar las consecuencias de la privatización del seguro social para entender los peligros que encierran estas y otras estrategias para “aliviar” la deuda a través de su reprogramación.

El agujero producido en las cuentas fiscales como consecuencia, ha sido una de las fuentes más importantes del nuevo endeudamiento que hizo duplicar la deuda externa argentina desde los tiempos del Brady.

Agujero que ahora se busca llenar con un mayor recorte no sólo de las de por sí magras jubilaciones estatales sino de todo el presupuesto público, mientras las AFJP, beneficiarias directas del nuevo sistema de jubilaciones privadas, se destacan entre la nómina de acreedores de la deuda externa pública que cobran intereses usurarios para prestarle al Estado lo que antes le ingresaba de manera directa.

La Argentina es conocida por ser una de las alumnas privilegiadas del FMI (Fondo Monetario Internacional) Desde los años 80 el país hizo todos los deberes y aplicó rigurosamente las cartas de intención de los expertos de Washington.

Siguiendo la teoría neoliberal "enflaqueció" el poder público, vendió las empresas a los capitales extranjeros, abrió sus puertas a los capitales internacionales y a las multinacionales.

Hoy en día, en que el 90% de los bancos y el 40% de la industria se hallan en manos de capitales internacionales, el país se halla desde julio de 1998 en la más grave de las recesiones.

Su deuda externa pasó de 43 a 160 mil millones de dólares entre 1983 y el 2000, la salud y la educación están hechas jirones y el salario medio solo alcanza a la mitad del de 1974. El fracaso es dramático, tanto económica como socialmente.

En total, el conjunto de países latinoamericanos tuvo ingresos derivados de la privatización de empresas publicas por 177 mil 839 millones de dólares, en el periodo de 10 años citado, según el Banco Mundial.

Solo en 1999, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el pago por el servicio de la deuda externa de los países de América Latina y el Caribe ascendió a 176 mil 900 millones de dólares, casi la misma cantidad que los ingresos por privatizaciones captados por esas naciones a lo largo de una década.

Con respecto a los programas de ajuste hay otras consecuencias indirectas pero no por eso menos importantes. El reconocimiento público por parte de la actual Secretaría de Seguridad de EE.UU. de que su país esperaba mayor cooperación militar de parte de Argentina como resultado de la “ayuda” financiera convenida a través del FMI, cobra una relevancia aún más preocupante en el nuevo (des)orden mundial que se pretende instaurar a partir de los atentados del 11 de septiembre.

O la vinculación explícita de la reprogramación de la deuda con las negociaciones para someter todas las economías de la región a los designios y control de los EE.UU. a través del establecimiento del Area de Libre Comercio en las Américas (ALCA).

E. La situación ética de aquellos que violaron sus deberes de funcionarios públicos y el cohecho.

La Sentencia dictada en julio de 2000, en la causa penal sobre la deuda impulsada en la Argentina por el periodista Alejandro Olmos, comprueba no sólo la ilegitimidad de los procedimientos, sino una gran cantidad de actos arbitrarios o fraudulentos cometidos adrede.

Ente otros, están la falta de responsabilidad de los funcionarios públicos, la creación artificial de deudas sin una contraprestación, conflictos de intereses de parte de los funcionarios involucrados y la modificación de legislación interna para favorecer la comisión de estos delitos.

Todo esto fue realizado en complicidad con los grandes bancos internacionales con la connivencia de los organismos multilaterales de crédito, que en la mayoría de los casos avalaron ese sistema, siendo partícipes y corresponsables de las políticas implementadas por los países endeudados.

La investigación judicial realizada en la Argentina muestra que en la gran mayoría de los países endeudados se manejaron los mismos procedimientos.

2. Caminos para la acción.

De los documentos de la comunión luterana en América Latina surge con claridad que desde América Latina, la perspectiva hermenéutica para abordar el tema de la X Asamblea de la Federación Luterana Mundial – “Para la sanación del mundo” – es el tema de la globalización y sus consecuencias, incluyendo prioritariamente el tema de la deuda e(x)terna.

Es necesario, por lo tanto, llegar a la X Asamblea con un discurso claramente articulado que tenga en cuenta la reflexión ya comenzada incluyendo los siguientes presupuestos:

1. Las Iglesias latinoamericanas están contestes en declarar a la llamada deuda externa del Tercer Mundo y de América Latina, ya pagada varias veces, como ilegítima y anti-ética.

2. Aún cuando bien intencionadas, no podemos acompañar las campañas que proponen e impulsan la condonación o “perdón” de la deuda o parte de ella por parte de los países y organismos acreedores.

3. Tampoco podemos acompañar la tesis de mera insolvencia.

4. El tema debería ser sometido al arbitraje o a la Corte Internacional de Justicia (Espeche Gil) en la búsqueda de resolver la cuestión fundamental de la ilegitimidad de la deuda externa en los términos planteados por el Parlamento Latinoamericano y otros foros internacionales.

5. Mucho más que deudores de una deuda externa ilegítima o no existente, nuestros pueblos son acreedores de una tremenda deuda social y ecológica que ha ido acrecentándose a lo largo de las últimas décadas como producto de las políticas neoliberales impuestas a partir del yugo de la deuda externa.

Reclamar el pago de esta deuda es un asunto que tiene que ver con la fidelidad a nuestra identidad confesional y la obediencia al Evangelio.

6. Necesitamos el acompañamiento de las demás iglesias de la comunión en este camino.