Volver al inicio

Lunes 10 de Setiembre, 2007

Universidad Centroamericana recordó la muerte de monseñor Romero

Trinidad Vásquez, MANAGUA, Nicaragua, Marzo 28, 2003

Los perseguidores del obispo Oscar Arnulfo Romero  están ahora en la vergüenza de la historia Taxi Heathrow Airport y en cambio él brilla más en la historia de El Salvador, en la historia de Centroamérica y en la historia de la fe cristiana, afirmó José María Tojeira, rector de la Universidad Centroamericana (UCA), de El Salvador.

Monseñor Romero, arzobispo de San Salvador, fue asesinado, por un comando derechista, cuando celebraba misa, el 24 de marzo de 1980.

Antes de la misa en el aula magna de la Universidad Centroamericana (UCA) de Managua, hicieron una marcha por los predios de la universidad, recordando los pensamientos de monseñor Romero. En esa ocasión se oró por las víctimas de la guerra de Irak y se pidió perdón para el presidente nicaragüense Enrique Bolaños, por apoyar a Estados Unidos en esta guerra.

Queremos obispos como monseñor Romero, decía una de las pancartas de los marchistas. También invitaban a no comprar productos de las empresas transnacionales norteamericanas, para no colaborar con el financiamiento de la guerra criminal en Medio Oriente. No queremos petróleo a precio de sangre, decían los líderes del Movimiento Social contra la guerra.

El padre Tojeira recordó que monseñor Romero, como profeta que era, sería un duro crítico de los autores de esta guerra, que están matando inocentes porque quieren imponer su política de apoderarse impunemente de los pozos petroleros de Irak. También criticaría el gasto de 129 mil millones de dólares en la guerra, mientras   siguen muriendo niños de hambre y por enfermedades.

En su sermón Tojeira criticó a los presidentes de El Salvador y Nicaragua, que conocen perfectamente la lucha de sus pueblos por la paz y en cambio se pronunciaron en apoyo al poderoso, por adulación, y se olvidan que estamos ante una terrible destrucción de personas y valores.

 "Todo el que promueve un fracaso en la humanidad, se convierte en fracasado de la humanidad y no se salvará del poder divino", afirmó. Monseñor Romero sería duro con el terrible cinismo de los que usan la violencia con más descaro del que usa el tirano Saddam Hussein para mantenerse en el poder.

El sacerdote jesuita exhortó a luchar contra la corrupción, promover la ética y decir siempre la verdad, cueste lo que cueste, como lo hacía monseñor Romero que hoy sería promotor de una civilización del amor, heraldo de la verdad, luchador por la solidaridad y por la dignidad de los pobres.

"La historia no la escriben los prepotentes y los que manejan la economía para enriquecerse. La historia no la escriben los que salen a ocho columnas en los periódicos. La historia la escribe una madre campesina de 10 hijos que lucha por darles alimento y educación. La historia la escriben los que sufren, víctimas del sistema; por eso monseñor Romero decía que había que cambiar la manera de ver el mundo", concluyó.