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Jueves 3 de Noviembre, 2005

Justicia, Conversión e Integración - Declaración de Catia la Mar - Marzo 2003

Marzo 27, 2003

Ya no hay diferencia entre quien es judío y quien griego, entre quien es esclavo Taxi Heathrow Airport y quien hombre libre; no se hace diferencia entre hombre y mujer. Pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. (Gálatas 3:28)

En América Latina, la palabra compasión requiere ser traducida con la palabra justicia. Esta convicción nace de la escucha del testimonio de nuestras hermanas y hermanos que viven con el VIH-SIDA, quienes repetidamente pusieron en claro que no esperan de la Iglesia ni la compasión, ni la lástima.

En cambio, esperan de nosotros que los y las acompañemos en la defensa de sus Derechos Humanos y de su dignidad herida.

Piden también que asumamos la responsabilidad de ser voz profética que denuncie toda estigmatización, discriminación, exclusión, prejuicios de los cuales son objeto, y todos los factores económicos, sociales, culturales y religiosos que facilitan la expansión de la pandemia.

Este llamado a ser voz profética nos obliga a romper el silencio.

En América Latina, la palabra conversión exige una acción cotidiana. Esta conversión nos lleva a descubrir la importancia de aquella Iglesia que siempre se reforma, y a replantear el ordenamiento teológico a fin de adecuar su puesta en práctica a la realidad del momento.

Esta revelación se nos impuso en el diálogo abierto, honesto e incondicional con las personas que viven con el VIH-SIDA quienes nos aportaron su realidad y su ministerio.

Escuchando a estas hermanas y hermanos, se hizo carne en nosotros la necesidad de transitar del anuncio impuesto a los demás del arrepentimiento como una ley, hacia una Iglesia que se mira a sí misma, revisando sus conceptos teológicos y prácticas pastorales .

La Iglesia que siempre se reforma comienza los cambios en sí misma. Revisa sus miedos, sus apatías, sus silencios, sus discursos y mensajes. Esta conversión nos lleva a relacionar estrechamente identidad luterana y VIH-SIDA: una identidad profundamente evangélica, porque entendemos que nuestra misión es la de anunciar la Buena Noticia de una aceptación incondicional por parte de Dios y por parte de la Iglesia.

En América Latina la palabra asistencia requiere ser traducida con la palabra integración. Durante esta Consulta hemos aprendido a aproximarnos al misterio de la vida desde una perspectiva integral.

 Nuestras acciones no pueden ser fragmentadas o aisladas, reflejo de un mundo quebrado, sino centradas en la persona, para así poder construir respuestas abarcadoras.

Estas respuestas son parte de nuestra teología de la cruz, que busca colocar en el centro de la vida de la Iglesia aquello que está afuera, y empujarla a estar en el corazón de los acontecimientos que aún siguen siendo cruz.

Para cumplir esta misión, la Iglesia tiene que sobrepasar sus muros y sus fronteras y salir al encuentro de las personas y comunidades que están excluidas, marginadas y estigmatizadas.

Luego de las dos décadas que la pandemia está con nosotros, no podemos pedirle a las personas viviendo con VIH-SIDA y a la sociedad más tiempo y paciencia. Los tiempos se han cumplido. ¡La Iglesia debe responder ya!

Fundamentados en estas convicciones y motivados a construir comunidades verdaderamente inclusivas, reflejo de la misma pastoral de Jesús, los y las participantes de esta Consulta Regional Latinoamericana plantean los siguientes desafíos.

En el ámbito local (comunitario):

• Reproducir encuentros con una metodología similar a la vivida en estos días en esta Consulta, donde se integraron otras confesiones cristianas, otras organizaciones de la sociedad civil, ONG's y representantes de gobierno.

Enriqueció nuestra vivencia y reflexión la presencia de personas de orientación homosexual, personas trabajadores/as sexuales, usuarios/as de drogas. También enriqueció nuestra experiencia el diálogo con personas viviendo con el VIH-SIDA que compartieron sus historias y sus vidas.

• Difundir en el ámbito de las Iglesias locales el Plan de Acción "Compasión, Conversión y Asistencia" de la FLM con el objetivo de comenzar a construir acciones de educación, prevención y acompañamiento propios.

• Poner a disposición de las organizaciones de la sociedad civil que trabajan con el VIH-SIDA la infraestructura de las congregaciones para facilitar encuentros y actividades y transformar esas congregaciones en espacios seguros, hospitalarios y acogedores.

• Fomentar una actitud de apertura en las congregaciones que las lleve al encuentro de las personas y grupos viviendo con el VIH-SIDA en sus propios contextos de vida.

• Promover actividades litúrgicas a lo largo del año que hagan presente la temática del VIH-SIDA en las comunidades, porque la intercesión también es un ministerio.

• Formar multiplicadores/as y acompañantes que encarnen las orientaciones de este Plan de Acción con un espíritu de servicio, sin intenciones de proselitismo.

En el ámbito nacional (Iglesias):

• Reforzar, y donde no existan, crear espacios en las iglesias para apoyar las iniciativas y a las personas que se involucran en acciones de prevención, acompañamiento e incidencia en el área del VIH-SIDA.

• Formular un plan de acción propio para enfrentar la epidemia del VIH-SIDA que tome en cuenta el contexto y las necesidades de cada país e iglesia.

• Incorporar como eje transversal en el curriculum de las diversas instancias educativas que pertenecen a la Iglesia la temática del VIH-SIDA.

• Hacer presente en los medios de comunicación de las Iglesias el tema del VIH-SIDA.

• Articular una voz liberadora y alternativa sobre el VIH-SIDA en los medios de comunicación masiva.

• Diseñar estrategias para incluir a los jóvenes en las acciones de prevención y acompañamiento.

• Realizar una lectura de la pandemia desde la perspectiva de los Derechos Humanos y Género.

• Capacitar a las Iglesias nacionales en el seguimiento y control del cumplimiento del compromiso asumido por los gobiernos en UNGASS (26 Sesión Extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el VIH-SIDA del año 2001).

• Impulsar la participación de las Iglesias en un trabajo conjunto y cooperativo con los organismos no gubernamentales, gubernamentales y la sociedad civil en general.

• Gestionar y canalizar recursos que faciliten la implementación de estas propuestas e iniciativas locales.

En el ámbito regional (América Latina)

• Realizar un levantamiento de la información sobre los recursos y emprendimientos disponibles a nivel nacional de las Iglesias u organismos vinculados a ellas que prestan servicios en el trabajo del VIH-SIDA.

• Diseñar un programa de formación basado en prácticas óptimas que propicien un mayor compromiso y una mayor capacidad de las Iglesias locales para responder al VIH-SIDA. Proponemos que se considere la experiencia acumulada de Acción Ecuménica (Venezuela), EPES (Chile) y la Pastoral Ecuménica VIH-SIDA (Argentina) para que  asesoren a las Iglesias sobre la puesta en práctica de su plan de acción.

• Crear una Red de Salud y Derechos Humanos de las Iglesias luteranas en América Latina que incentive, facilite recursos y apoye los esfuerzos desplegados por las Iglesias en el área del VIH-SIDA.

• Participar de los diversos esfuerzos que tienen como objetivo asegurar el acceso a los mejores niveles de medicación y tratamiento al mas bajo costo para las personas viviendo con VIH-SIDA (genéricos).

Formulamos la petición que al tomar decisiones sobre estos desafíos se establezcan plazos y responsabilidades acordes con la urgencia y la gravedad de la pandemia, para dar adecuado seguimiento a ellas. De igual modo, solicitamos someter estas recomendaciones para su aprobación ante las respectivas autoridades nacionales en el plazo mas breve.

Catia la Mar, Venezuela

Marzo 2003