Respuesta de las iglesias a la pandemia del VIH/SIDA - Presentación del pastor Lisandro Orlov
SILENCIOS Y LA ACCION PASTORAL
INTRODUCCION AL PLAN DE ACCIÓN DE LA FEDERACIÓN LUTERANA MUNDIAL. Taxi Heathrow Airport
COMPASIÓN, CONVERSIÓN, ASISTENCIA.
Introducción:
Podría en estos momentos escribir las frases más emotivas e impactantes sobre las acciones emprendidas por las iglesias en estas dos décadas de presencia de la epidemia del VIH-SIDA en medio de todos nosotros.
Podría anunciar que las comunidades de fe de base, como algunos las suelen llamar[1], y nos hemos unidos desde un comienzo a otras organizaciones de la sociedad civil para promover la defensa de los derechos humanos y la dignidad de todas las personas que viven con VIH-SIDA, y sería mentira.
Podría anunciar que las comunidades de fe de base “reconocen que ellas no siempre han respondido apropiadamente a los desafíos presentados por el VIH-SIDA y que lamentan profundamente las muchas veces que esas comunidades han contribuido en la construcción social del estigma[2], el miedo y la información tendenciosa, y sería verdad.
Podría afirmar que las comunidades de fe de base han estado en la crisis del VIH-SIDA en la primera línea y en la vanguardia de la prevención, el cuidado y la atención de aquellas personas que viven o están siendo afectadas por el VIH-SIDA y sería mentira.
Podría reconocer que las comunidades de fe de base tienen una organización profundamente enraizada en las estructuras locales y que por ello tienen una excelente posición como para movilizar una adecuada respuesta en la crisis del VIH-SIDA[3], y sería verdad.
Podría confirmar que la prevención basada en el mensaje que afirma que los cambios de conductas sexuales, incluyendo el retraso en la iniciación sexual entre los adolescentes y la reducción de la cantidad de parejas sexuales[4], son los métodos más seguros y efectivos, y sería una verdad a medias.
Podría estar convencido que las comunidades de fe de base tienen una posición privilegiada y única para responder a las necesidades espirituales y humanas de las personas que viven y que están afectas por el VIH-SIDA[5], y sería verdad.
Podría declarar que las comunidades de fe de base están abiertas a nuevas situaciones presentadas por la epidemia del VIH-SIDA y dispuestas al diálogo, sin imponer criterios moralistas y que la fidelidad, la monogamia y la abstinencia sexual se quiebran o rompen con menos frecuencia que los preservativos, y sería mentira.
Campaña Global:
Pero no hemos venido a hacer este inventario sino que queremos “romper el silencio sobre el VIH-SIDA”[6] para pronunciar palabras de aliento, solidaridad y esperanza.
Hemos venido hasta aquí como peregrinos que buscan construir juntos “una respuesta global que trascienda aquello que hasta ahora se ha hecho”[7] Queremos caminar la segunda milla, queremos ir más allá de todos lo que se ha dicho y hecho hasta ahora. Mirar el camino recorrido durante las dos décadas pasadas para reconocer errores, repararlos y construir juntos un mundo más de hermanos y hermanas.
Nos hemos reunidos atravesando diferentes rutas culturales, sociales y económicas para responder desde ese contexto al Plan de Acción VIH-SIDA de la Federación Luterana Mundial bajo el lema “Compasión, Conversión, Asistencia”, y para “alentar a las iglesias a romper el silencio y promover su activa y valiente respuesta a la pandemia”[8], poniendo especial énfasis en la palabra “valiente”.
Estamos aquí para que cada una de nuestras comunidades se pueda comprometer en un proceso integral que busca soluciones con el objetivo de sobrepasar los límites de nuestras propias culturas y los de las tradiciones teológicas de nuestras iglesias[9].
“Estamos llamados hoy a romper no sólo el silencio sino también las prácticas culturales, por incómodo que ello pueda ser, a fin de encontrar métodos que protejan la vida, porque la vida es un don de Dios...El silencio y todas las formas de mitos sobre la realidad del VIH-SIDA, significan una afrenta a lo que Dios ha llevado a cabo por nosotros en Cristo”[10].
Tal como la afirmó claramente la consulta de la FLM del año 1988: “La iglesia debería abrir sus puertas a todos y todas, sin tener en cuenta quiénes son o lo que habían hecho”[11] Esta acción es parte de nuestra identidad confesional porque como iglesias “hemos elegido, nosotros, la vida sobre la base de que Dios nos justifica por la sola fe, a través de la gracia.
Y, sin ninguna duda, recibimos el perdón; y está asegurada nuestra aceptación ante los ojos de Dios”[12]. Esa aceptación no se puede pensar en un contexto de ellos y nosotros, de sanos y enfermos, de santos y pecadores, porque todos necesitamos el perdón porque todos y todas hemos pecado y por gracia somos aceptado ante los ojos de Dios y la única y sola condición es la fe que justifica a todos y todas.
“Según la teología luterana, la iglesia está integrada por aquellos que son santos y pecadores a la vez (simul iustus et peccator).
En lugar de centrarse primordialmente en determinados actos, como muchas veces lo hacemos privilegiando todo lo relacionado con la sexualidad, debemos ser conscientes de que el pecado es un estado de servidumbre que nos aleja de Dios y a unos de otros y todas y todas estamos viviendo en esa condición..
Esta servidumbre se hace cruelmente evidente, por ejemplo, cuando se excluye a quienes viven con VIH-SIDA o se huye de ellos o se ejerce la peor de las exclusiones al impedir a una persona su participación en la Santa Cena por su condición de persona viviendo con VIH-SIDA.
La moral luterana se propone ser práctica y realista, reconociendo que nada de lo que hagamos en este mundo estará exenta de pecado; debemos confiar siempre en el perdón misericordioso de Dios”[13].
La epidemia del VIH-SIDA nos desafía a los luteranos a ser profundamente coherentes con nuestras principales afirmaciones de fe y construir un mensaje alternativo fundado en esa identidad.
EL PLAN DE ACCION:
Estamos aquí porque sabemos que “la difusión del VIH-SIDA depende de realidades culturales, sociales y económicas. La iglesia debería cuestionar seriamente su papel en el desarrollo que facilitó la difusión de la enfermedad, y desafiar a sus propios miembros y a la sociedad a tomar medidas que eliminen la discriminación y acciones prevalentes en la sociedad”[14].
Esos son nuestros ejes de trabajo, adaptar a nuestro contexto cultural el Plan de Acción y desafiar a nuestras comunidades y a sus líderes y miembros para que emprendan acciones que eliminen la discriminación y la exclusión.
Ya en 1988 la FLM afirmaba que “La iglesia tiene especial responsabilidad de reconocer estos grupos discriminados y sus necesidades. La Iglesia debe poner de manifiesto las acciones discriminatorias y desafiar a sus miembros, a la comunidad y al gobierno”[15].
Atrevernos a romper el silencio con relación a todos los grupos vulnerables y establecer un diálogo franco y transparente. No podemos caer en la ficción de hablar solamente de “las mujeres, los jóvenes y las niñas” como los únicos grupos vulnerables porque ese discurso encierra nuestro temor y cobardía de hablar de todos los grupos vulnerables a la epidemia.
Es darle un valor mágico a las palabras: aquello que no nombra no existe. Aún no hemos superado nuestros miedos, prejuicios y exclusiones. Esa es una realidad que el SIDA pone claramente de manifiesto.
COMPASIÓN:
En América Latina y el Caribe la palabra compasión se traduce con la palabra JUSTICIA. Queremos que “cada iglesia, parroquia, congregación, pueda convertirse en una comunidad de asistencia y defensa de los derechos humanos y dignidad de las personas que viven y están afectadas por el VIH-SIDA”[16].
Sabemos que “las estructuras socioeconómicas en el mundo promueven la pobreza de ciertas comunidades y grupos, haciéndolas más vulnerables a la difusión del SIDA en aquellos y aquellas que no tienen privilegios.
La lucha contra el SIDA es por lo tanto una lucha contra la pobreza, el analfabetismo,... y todas las formas de desigualdad social. La falta de información y la información tendenciosa también contribuyen a la discriminación”[17], afirmó claramente el Documento de la FLM de 1988.
Los líderes africanos de las iglesias luteranas asumieron el compromiso de “seguir ahondando la interpretación teológica de los retos que plantea el VIH-SIDA, guiados por nuestra doctrina luterana.
Concretamente abordaremos desde una perspectiva teológica el problema del estigma y la discriminación como una cuestión de injusticia social”[18]
Asumir este compromiso significa hablar abiertamente de sexualidad, de personas de orientación homosexual, de usuarios de drogas y la reducción de daños como metodología de acompañamiento respetuoso de la identidad del otro o la otra.
Romper el silencio significa hablar claramente de las personas de identidad travestis y de los trabajadores y trabajadoras sexuales y construir una renovada acción pastoral y de defensa de los derechos humanos que surge de un real diálogo con estas personas y a estos grupos.
En ese sentido debemos tomar muy en cuenta la Declaración de Buenos Aires, que en forma profética comenzó en el año 1998 a invitar a nuestras iglesias a recorrer esos caminos y esa metodología.
La sociedad civil ha comenzado también a transitar un sendero que lleva a una nueva aproximación ideológica a todos estos grupos vulnerables y con los cuales las iglesias tienen una relación conflictiva.
Es necesario “convertir nuestras palabras en actos”[19] para que surja de esos actos una nueva aproximación pastoral a estos grupos vulnerables.
“Afirmaremos la dignidad de hombres y mujeres enseñando acerca de la sexualidad y las relaciones humanas, el amor, el respeto mutuo, y la igualdad”[20]
Tendremos que atrevernos a romper el silencio y hablar claramente de diversos temas conflictivos. No podemos seguir teniendo miedo. La vida tiene más fuerza que la muerte.
Uno de esos temas que aún continua siendo conflictivo es el tema del preservativo. Es necesario sacarlo de la clandestinidad y romper el silencio porque el silencio no es salud.
No es suficiente afirmar que “no nos opondremos al uso de ningún método eficaz de prevención”[21].
La Comisión Social del Episcopado Francés, afirmó que el ser humano “no está hecho ni para la pobreza ni para la contención de su sexualidad”[22].
“Oponer el preservativo a la fidelidad, o lo contrario, es vano. A este respecto los discursos totalizadores o exclusivos tienen corto alcance y pueden tener efectos perversos. Sería el caso de un discurso que sólo considerase la fidelidad o la continencia. Pero también lo es para el “todo preservativo”.
Presentado como el “mínimo preventivo necesario”, hay que reconocer al preservativo sólo como una primera etapa en la responsabilización”[23] llegó a afirmar esta Comisión Social del Episcopado Francés.
Un efecto no deseado del rigorismo moral ha sido siempre un laxismo generalizado ya que se colocan ideales tan altos y tan difíciles de alcanzar que ningún esfuerzo intermedio parece contar[24].
Lutero afirma en su Juicio sobre los Votos Monásticos que “no es la virgen o el varón casto quienes serán salvos, sino el cristiano. En Cristo empero no hay varón ni mujer, así tampoco virgen ni casada ni cosas por el estilo, sino una fe, un bautismo, un Señor”[25].
El condenar no es una respuesta cristiana a la crisis del SIDA. Las iglesias tienen que reexaminar su comprensión teológica, su disciplina eclesiástica, las pautas culturales y los hábitos sociales y, al mismo tiempo, descubrir caminos nuevos para ser verdaderas discípulas de Cristo”[26].
CONVERSIÓN:
En América Latina y el Caribe la palabra conversión se traduce por defensa de los derechos humanos y civiles y la dignidad de toda persona, incluyendo especialmente a las personas que viven con VIH-SIDA.
“Hemos elegido la vida al hablar abiertamente y de forma responsable de manera tal que superemos la discriminación y estigmatización de aquellos y aquellas que son VIH positivos y viven con SIDA”[27].
“La Iglesia está llamada por Cristo al arrepentimiento, a rodear de amor a quienes ha evitado. La iglesia debe divulgar información exacta, ser hospitalaria, y hacer todo lo que esté a su alcance para proteger y garantizar la calidad de vida de quienes están enfermos y la protección de todos los seres humanos vulnerables”[28].
En esta misma línea se expresaron en mayo del año pasado en el contexto de la Consulta Panafricana de Líderes de la Iglesia Luterana frente a la Pandemia del VIH-SIDA, al decir: “Nos comprometemos a orar, a obrar por la justicia y por una vida digna para quienes viven con el VIH-SIDA”.
Asimismo asumieron el compromiso de “ser una comunión cuyas congregaciones sean comunidades sanadoras donde se atienda y se defienda a todas las personas que viven con el VIH-SIDA”[29].
ASISTENCIA:
En América Latina y el Caribe la palabra asistencia se traduce por promoción social y solidaridad. Esta promoción se ha de realizar en cooperación con las organizaciones de la sociedad civil, que muchas veces le han enseñado a las iglesias los nuevos caminos de solidaridad y respeto que sus tareas de muchos años y vanguardia tendremos que imitar.
Esa promoción social nos lleva también a transformarnos en la memoria que les recuerda a los gobiernos de la región los compromisos asumidos al firmar la Declaración de compromiso en la lucha contra el VIH-SIDA, aprobada en el XXVI período extraordinario de sesiones de la Asamblea de las Naciones Unidas titulada: “Crisis Mundial – Acción Mundial”.
En esa declaración se destaca “la importante función que cabe a los factores culturales, familiares, éticos y religiosos en la prevención de la epidemia y en el tratamiento, la atención y el apoyo, habida cuenta de las peculiaridades de cada país y de la importancia de respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales”
Como parte del compromiso en facilitar el acceso a todas las personas que viven con VIH-SIDA en nuestra región las iglesias luteranas deben hacer suyo el Plan de Acción de la Alianza Ecuménica de Acción Mundial en su Campaña por un comercio al servicio de las personas (2002-2005).
Las patentes que protegen los medicamentos en el área de la salud son una injusticia. El derecho a la salud no puede estar subordinado a criterios comerciales.
Conclusión:
Este Plan de Acción es un llamado a vivir la teología de la Cruz aquí y ahora en América Latina; “implica sobrepasar la preocupación por la salvación personal, preguntando por la liberación del ser humano y su nueva relación con la realidad de los inextricables círculos de su sociedad”[30].
Con el horizonte de sanar el mundo los cristianos debemos ubicar lo personal e individual en un contexto más amplio y en diálogo con él.
Sabemos que todas las conductas individuales son reflejo de conductas sociales y que debemos actuar en consecuencia.
Este Plan de Acción propuesto por la F.L.M. es un esfuerzo por responder al clamor de Jesús en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Porque en los múltiples clamores resuena aún la voz del Cristo agonizante. Porque sabemos que“la cruz no es algo tan natural en la iglesia como puede parecerle a la costumbre cristiana.
La cruz en la iglesia simboliza una contradicción que se adentra en ella a partir del Dios que fue crucificado “fuera”. Todo símbolo remite a otra cosa más allá de sí mismo. Todo símbolo invita a pensar. El símbolo de la cruz en la Iglesia remite al Dios que fue crucificado no entre dos candelabros sobre un altar, sino entre dos ladrones en el Calvario de los perdidos, ante las puertas de la ciudad.
No sólo invita a pensar, sino a convertirse, a cambiar de modo de pensar. Es un símbolo que, por sí mismo, lleva fuera de la iglesia y del anhelo religioso de adentrarse en la comunión de los oprimidos y sin Dios y, mediante la iglesia, lo está llamando a la comunión con el Dios crucificado.
Dondequiera que se olvida esta contradicción de la cruz y de su trastocamiento de los valores religiosos, se hace de la cruz como símbolo un ídolo que ya no invita a la conversión, sino a acabar con todo pensamiento, auto afirmándose a sí mismo”[31].
Este Plan de Acción quiere ser un signo de contradicción en la iglesia, es una invitación de adentrarnos en la realidad de todos aquellos que están fuera de la iglesia y repetir las palabras de Pablo VI: “Que el mundo lo sepa: la Iglesia lo contempla con una profunda comprensión, con una admiración sincera, sinceramente dispuesta, no a someterlo, sino a servirlo; no a despreciarlo sino a valorarlo; no a condenarlo, sino a sostenerlo y servirlo...Contempla a toda la humanidad que sufre y que llora. Ellos pertenecen a la Iglesia por derecho evangélico, y la Iglesia se alegra de repetir a todos ellos y ellas: “Vengan a mí” [32]
-----------------------
Pastor Lisandro Orlov
-------------------------
[1] Statement by Faith Based Organizations facilitated by the World Council of Churches for the UN Special General Assembly on HIV/AIDS. June 25-27, 2001
[2] Idem.
[3] Idem.
[4] Idem.
[5] Idem.
[6] Declaración del Secretario General de la Federación Luterana Mundial Rdo. Dr. Ismael Noko, durante el lanzamiento de la Campaña Global de la FLM, Nairobi, Kenya, 6 de mayo de 2002
[7] Idem.
[8] Idem.
[9] Idem.
[10] Idem.
[11] FLM. “El Trabajo Pastoral con Relación al Sida”. 1988.
[12] Declaración del Secretario General de la FLM. Nairobi, Kenya, 6 de mayo de 2002
[13] “Compasión, Conversión, Asistencia: Respuesta de las Iglesias a la Pandemia del VIH-SIDA” Plan de Acción de la Federación Luterana Mundial. I Introducción.
[14] FLM. “El Trabajo Pastoral con Relación al SIDA”. 1988.
[15] Ídem. Efectos de la Discriminación.
[16] Declaración del Secretario General de la FLM. Nairobi, Kenya, 6 de mayo de 2002
[17] FLM. “El Trabajo Pastoral con Relación al SIDA”. 1988. Discriminación.
[18] Rompiendo el Silencio. Compromisos de la Consulta Panafricana de Líderes de la Iglesia Luterana frente a la pandemia del VIH-SIDA, Nairobi, 2-6 de mayo de 2002.
[19] Rompiendo el Silencio. Compromisos de la Consulta Panafricana de Líderes de la Iglesia Luterana frente a la pandemia del VIH-SIDA, Nairobi, 2-6 de mayo de 2002.
[20] Ídem.
[21] Ídem.
[22] Comisión Social del Episcopado Francés: “SIDA, La Sociedad en Cuestión”PPC. Editorial. Madrid. 1996. Pág. 88
[23] Ídem.
[24] Martín, Leonard M. “VIH-SIDA: Un marco moral y ético para la reflexión y la acción. Catedrático titular de Ética en la Universidad Estatal de Ceará, Fortaleza, Brasil.
[25] Obras de Martín Lutero. Tomo III. Editorial Piados. Buenos Aires. Pág.196
[26] FLM. “El Trabajo Pastoral con Relación al SIDA” 1988. 4. Una comunidad responsable y comprometida.
[27] Rompiendo el Silencio. Compromisos de la Consulta Panafricana de Líderes de la Iglesia Luterana frente a la pandemia del VIH-SIDA, Nairobi, 2-6 de mayo de 2002.
[28] “Compasión, Conversión, Asistencia: Respuesta de las Iglesias a la Pandemia del VIH-SIDA” Plan de Acción de la Federación Luterana Mundial. La Iglesia “convertida”
[29] Rompiendo el Silencio. Compromisos de la Consulta Panafricana de Líderes de la Iglesia Luterana frente a la pandemia del VIH-SIDA, Nairobi, 2-6 de mayo de 2002.
[30] Moltmann, Jürgen: “El Dios Crucificado”2º Edición. Ediciones Sígueme. Salamanca 1977. Pág. 13
[31] ídem.
[32] PabloVI. Mensaje del 20 de septiembre 1963. Apertura de la 2º Sesión del Concilio Vaticano II.

Portada
Inicio