![Israel Batista, secretario general del CLAI [Foto: CLAI]](/picture/batistaisrael2.jpg)
Características e impacto del crecimiento evangélico
Entrevista: Manuel Quintero, QUITO, Ecuador
Israel Batista, pastor metodista cubano y secretario general del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), aborda en esta entrevista la situación de las iglesias evangélicas en el continente, la creciente presencia de evangélicos en la política, la igualdad religiosa, entre otros temas de actualidad.
MQ: ¿Cuáles son algunos rasgos distintivos, en su opinión, de las iglesias evangélicas en América Latina en este nuevo siglo?
BATISTA: Para responder tu pregunta, asumo algunas ideas del teólogo pentecostal chileno Juan Sepúlveda y añado otras, y señalar así algunas características importantes de nuestras iglesias: Saben hablar el lenguaje del pueblo, ofrecen una oportunidad de acercarse a Dios sin mediación, son comunidades muy participativas.
Además son comunidades que profundizan una espiritualidad que da sentido a la vida de los creyentes y contribuyen a consolidar a la familia a partir de la vida familiar pastoral.
Las iglesias evangélicas también proyectan un mundo simbólico asentado en las culturas populares y dan un sentido de esperanza en la vida. Finalmente, considero que ellas fomentan un estilo de vida con valores éticos y morales pro-activos y, algo muy importante, enfatizan la centralidad de Jesucristo.
MQ: ¿Qué aportan esas características en la actualidad?
BATISTA: A partir de esas ideas, diría que hay características de nuestras iglesias que se constituyen en aportes y desafíos para la misión en este nuevo siglo.
En primer lugar, la vida en comunidad. En medio de tantas fragmentaciones y de un creciente individualismo que alimenta la soledad y la alienación, nuestras iglesias son espacios en los cuales se experimenta la vida en comunidad. Es decir, tener algo en común, compartir, participar, acompañarnos mutuamente y actuar juntos.
En segundo lugar, la capacidad para realizar proyectos de vida.
MQ: ¿Qué significado tienen para la propia iglesia?
BATISTA: Sabemos que por medio de la conversión se produce una recuperación del ser humano que permite alcanzar un sentido de sanidad integral, donde se afirma la auto-estima y dignidad humana, se reconstruyen las relaciones humanas y se vive con sentido de esperanza.
Mencionaría, en tercer lugar, la espiritualidad misionera. En la búsqueda de espiritualidad del ser humano contemporáneo, nuestras iglesias ofrecen una espiritualidad centrada en Jesucristo que implica, en primer término, vivir con la convicción de que somos hijos e hijas de Dios.
Pero además, se trata de una espiritualidad con carácter misionero, un salirnos de nosotros mismos y de nuestras fronteras para alcanzar a los más necesitados.
Un aporte igualmente importante de nuestras iglesias es el ser reserva de sentido moral. Hoy vivimos no solamente una crisis económica, sino también una crisis de valores. Frente a patrones de vida que degradan la condición humana y la vida social, nuestras iglesias se constituyen en reservas morales y éticas que dan sentido al ser humano.
MQ: ¿Qué significado tienen esos rasgos para la sociedad?
BATISTA: No podemos olvidar, por otro lado, que ellas realizan una diaconía de solidaridad. Nuestras iglesias han aprendido a compartir como parte de la tarea evangelizadora. Las congregaciones se constituyen en centros de acogida y promotoras de servicio solidario.
Hay todo un trabajo diaconal cotidiano que nuestras iglesias realizan como práctica cotidiana y que no son necesariamente proyectos que dependen de ayudas extranjeras al estilo de las ONGS.
Hay en el mundo evangélico, como bien sabes, una gran riqueza de diversidades. El mundo post-moderno, estemos de acuerdo o no, desafía toda una serie de imaginarios y particularmente los esquemas globales ideológicos, los centralismos, etc.
Las iglesias evangélicas ofrecen una riqueza de diversidades más acordes a esa mentalidad post-moderna. Claro que aquí hay dos peligros serios: el convertirnos en parte de un mercado religioso, y las fragmentaciones que no reconocen la unidad en Cristo en medio de nuestras diversidades.
Concluiría señalando que tenemos tres desafíos importantes para este siglo: Articular voces proféticas en nuestra sociedad; contribuir a la preservación de la creación; y enfatizar el lugar de las mujeres en nuestra vida de iglesia y en la sociedad.
MQ: ¿Qué impacto tiene el crecimiento evangélico en el Continente?
BATISTA: Desde la llegada del Evangelio a nuestras tierras, a pesar de una etapa inicial de represión y persecución religiosa, nuestras iglesias han brindado modelos de participación y libertad en medio de los autoritarismos de nuestras sociedades y han contribuido a levantar la dignidad de la mujer; han promovido nuevos estilos educativos que contribuyeron a abrir el debate sobre la modernidad.
También han fomentado valores importantes en cuanto al concepto del trabajo; han creado redes de salud pública que contribuyen a mejorar las condiciones de vida.
El crecimiento actual de nuestras iglesias nos tiene que hacer más responsables acerca de la calidad de ese crecimiento. El pasar de minoría insignificante a minoría significativa tiene que producir valores agregados de mayor justicia, paz e igualdad en nuestras sociedades.
Ante los crecientes índices de empobrecimiento, violencia y corrupción tenemos que preguntarnos qué significa nuestro crecimiento. Sería injusto decir que nuestro crecimiento no se ha traducido en motivaciones distintas para sectores de nuestra población. Comparar crecimiento evangélico y degradación de nuestras sociedades para concluir que el crecimiento evangélico no se traduce en cambios, es incorrecto y simplista. Esto no exime que lo cuantitativo siempre tiene que tener como referente lo cualitativo.
MQ: ¿En qué campos es más notorio ese impacto?
BATISTA: En lo social, es importante ver la conexión que se da entre la situación de pobreza y las iglesias evangélicas. Nuestras iglesias han crecido y se han desarrollado teniendo a la pobreza y a la exclusión social como realidades concretas, en medio de las cuales han realizado su trabajo pastoral de construcción de comunidades y de servicio a sus miembros más humildes y necesitados.
Donde quiera que exista la pobreza, allí hay un templo evangélico y la labor de nuestras congregaciones contribuyen al mejoramiento social y económico de las familias a partir de la auto-estima y de valores éticos de vida. En ese sentido, nuestras iglesias promueven la cohesión social frente a la desintegración de nuestras sociedades.
En lo político, se ha ido rompiendo en nuestras iglesias conceptos teológicos que "satanizaban" la participación en lo público. Las iglesias ven paulatinamente la necesidad de intervenir en el espacio de lo político.
Por último, en lo cultural, hemos pasado a ser parte del paisaje de las culturas de nuestra región. Lo evangélico tiene identidad propia y aportes importantes en medio de la pluralidad de nuestras culturas y religiones en el Continente.
El ethos evangélico ha llegado a ser una contribución a nuestra cultura en sus diversidades. Es interesante cómo la propia Iglesia Católica romana, que siempre nos ha considerado como extranjeros, incorpora elementos que ya son parte de nuestra cultura evangélica en su labor misionera. Creo que hoy por hoy, como evangélicos, tenemos carta de ciudadanía plena.
MQ: Esos intentos de participación política no siempre han sido positivos ¿por qué?
BATISTA: Lamentablemente, algunos esfuerzos están marcados por contradicciones y errores. Hay falta de experiencia en el accionar político y en algunos casos esa participación no está del todo exenta de un ambiguo deseo del poder. Por eso es tan urgente la preparación adecuada acerca de la participación política de nuestras iglesias y su papel profético y constructivo.
MQ: ¿Hace algunos años el teólogo José Miguez Bonino dijo que era necesario pasar de la libertad de cultos a la igualdad religiosa en América Latina. ¿Cómo se ve el tema de la igualdad religiosa?
BATISTA: Míguez tiene razón: El tema en América Latina no es la libertad de cultos, sino la igualdad religiosa. Nuestra parte del mundo es una de las que más Constituciones ha producido. Esto ha significado avances en las concepciones democráticas y participativas.
Sin embargo, la legislación correspondiente a lo religioso en muchos casos conserva el espíritu de la época de la Colonia. Se respira aún en el terreno religioso el concepto de religión única hegemónica.
Hoy América Latina es un continente plural y un desafío para este siglo es el de trabajar el significado y lugar de las pluralidades en nuestras frágiles democracias. La igualdad religiosa significa que todos tenemos los mismos derechos y deberes.
Hay aún sectores de nuestras iglesias evangélicas que hablan de suprimir los múltiples privilegios que se le otorga a la Iglesia Católica para pasarlo a nosotros o sencillamente para distribuir privilegios.
Igualmente, hay sectores católicos que les cuesta mucho esfuerzo el reconocer que ya no pueden ser hegemónicos y el tener que renunciar a privilegios y a ser parte del poder. Hablar de igualdad religiosa significa un aprendizaje para todos en cuanto a derechos y deberes y, también, en cuanto a reconocer y aceptar al otro y a la otra distinto de mí.
MQ: ¿La igualdad religiosa es un tema aislado o tiene conexión con otros?
BATISTA: La igualdad religiosa está conectada con el tratamiento de las pluralidades en relación con la democracia que estamos construyendo. Si hoy reconocemos pluralidades de culturas y religiones, la igualdad religiosa se torna en un tema de madurez democrática.
Es más, la igualdad religiosa debe ser vista como un aporte al diálogo entre distintos y al reconocimiento de las diversidades como uno de los principios fundantes de una verdadera democracia.
Creo que en este contexto Chile se constituye en ejemplo para el tema de igualdad religiosa. Las iglesias evangélicas que estaban bajo el derecho privado como corporaciones, ahora pasan al derecho público como iglesias. Ha sido un proceso largo de aprendizaje y creemos que en Chile se va por buen camino en cuanto a la experiencia de igualdad religiosa y contribución a la consolidación de la democracia.
MQ: ¿Qué está haciendo y piensa hacer CLAI en esta área?
BATISTA: Como CLAI hemos acompañando este proceso en Chile. Igualmente hemos trabajado con las iglesias evangélicas argentinas en este tema, a través de la Secretaría Regional del Consejo para el Río de la Plata.
Nos proponemos en los próximos meses convocar a una consulta entre varios países de la Región Andina e invitar a Chile para un intercambio de experiencias.
Incluso pensamos invitar a un especialista del Consejo de Iglesias de España, por sus similitudes con nuestra realidad religiosa y los logros alcanzados en ese país.
Este es un tema que tiene fuerza en algunos países. Al Consejo Latinoamericano de Iglesias le interesa impulsar estos procesos a fin de que el tema de igualdad religiosa, además de hacer justicia a la riqueza de nuestras pluralidades, sea una contribución de nuestras iglesias en la consolidación de una democracia que reconozca el valor del Otro y de la Otra. (15.5.2002).

Portada
Inicio
Responda a este artículo